Pablo De Rokha / Carlos De Rokha

La Dinastía De Rokha.

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Aparece el fuego y el ángel; Pablo y Carlos. La unión de sangre se hace presente, al igual que la fusión del cielo y el infierno. Se unen dos momentos: La madurez rota y la juventud en forma de laberinto…

Hoy –hace muchos años atrás-, 17 de octubre, nace la “Dinastía De Rokha” (literaria, obviamente), que desata una caja de Pandora única (pero que no son de males, sino de creaciones) : Magia, muerte, dolor, absurdos, amargura, elegías, lágrimas, gritos, visión, alma, realidad, fantasía, maldiciones, violencia, rebeldía, fineza, viajes, paisajes reales y no tan reales, genialidad, penas, romanticismo, vida, suicidio, imágenes, lenguajes, etcétera…un universo roto.

En fin, no redundaré en cuestiones que se pueden descubrir leyéndolos, que por cierto, es lo mejor que le puede pasar a un gustoso de literatura pura. Aquí, les dejo 13 libros (entre los dos), 9 de Pablo y 4 de Carlos. Los cuáles son:

Carlos De Rokha:

*Canto profético al primer mundo.
*El orden visible
*Memorial y llaves
*Pavana del gallo y el arlequín

Pablo De Rokha:

*Antología (1916-1953)
*Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile o, (Ensueño del infierno) ; Canto del macho anciano
*Fuego negro. Poética (facsimilares)
*Los Gemidos
*Madre España. Homenaje de los poetas chilenos.
*Mis grandes poemas (antología)
*Morfología del espanto
*Mundo a mundo (epopeya popular realista estadio primero) Francia
*U (poemas)

¡Feliz salud y cumpleaños a los dos grandes olvidados, rey y príncipe!


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Poema de Pablo De Rokha: Genio y Figura

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Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» llevaba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: «te quiero»
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírle jamás.
El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
El cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
Lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.
Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.


Poema de Carlos De Rokha: De Profundis

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Desde este amargo té me vuelvo hacia el demonio
Apenas entrevisto por el insomne huésped
Que soy cuando de noche entro en mi ser visible
Cansado de mi viaje y de la larga
locura que hace tiempo absorbe mis dos sienes
Me vuelvo a la ceniza y al vaso de mi sangre
Con las venas ardiendo y el rostro amortajado
Mas la espalda, llagada doliéndome el costado, danto
perdón al denodado
enemigo que soy de mí mismo y de mi alma
Solitario por dentro, fatigado,
sin esperanzas como
un Cristo de abismal perspectiva
sobre el madero de mi columna vertebral crucificado
por los días que vivo buscando una respuesta
a la angustia que asalta mis ojos cuando duermo
Oh deudo, oh desolado!
Centinela del tiempo, vigía sumergido
en la sangre, en el vino y la tierra; ese soy,
esa mi sed, esa mi hambre, esa mi soledad, esa mi angustia,
y en mí mismo me acabo
por dentro, como un viento que hacia el cielo impulsa
Desterrado por siempre, solemne, vertical, desterrado
como un águila ebria sobre una isla en llamas,
ya sin ansias de todo lo vivido
me vuelvo a la vigilia de mi cáliz
y nada, nada espero de los días que vienen
sino una azul espada que me destroce el alma.

Documental: Pablo De Rokha, EL AMIGO PIEDRA.

Documental sobre el tristemente olvidado -lamentable para la Literatura chilena- Pablo de Rokha. El documental muestra, en cierto modo, la enigmática vida de este poeta chileno. Durante el desarrollo de éste, hay entrevistas a familiares, a poetas y artistas que lo conocieron en vida, dándonos una imagen de él. Toca temas como sus inicios como poeta, su relación con Winett y su familia, los conflictos con el PC y el mundo literario, su tardío Premio Nacional de Literatura (1965), hasta su muerte en 1968 (suicidio). Las palabras sobran, a disfrutar se ha dicho.

Pablo de Rokha. El Amigo Piedra. from LaCresta on Vimeo.




(Dirigido por Diego Meza y producido por La Cresta Producciones)



En honor a Pablo De Rokha, un grupo de Punk-Rock chileno, hizo un disco llamado: “8 Bolas - Genio y Figura”. El disco mezcla la música con las letras únicas de Don Pablo.


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- TrackList:

1 -Canto del macho anciano
2 -Genio y figura
3 -Folletín del diablo
4 -Décimas del roto choro
5 -Canción del poeta zarrapastroso
6 -Pablo de Rokha por Pablo de Rokha
7 -Retrato de la bestia humana
8 -Tribunales
9 -Militares
10 -U.S.A company
11 -Curas
12 -Oceanía de Valparaíso
13 -Fuego negro

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Carta de Pablo De Rokha a Carlos De Rokha:

(Santiago de Chile, junio-julio de 1965)

Todo lo lloro en ti, Carlos de Rokha, hijo querido mío: la vida heroica, acumulada, grandiosa y terrible que hiciste, y tu muerte súbita. Traías sobre la frente escrita, con significado trágico, la estrella roja y sola de los predestinados geniales. Y cuando mamabas la leche maternal, ya estabas chupando en el pecho de lirio de la niña divina y maravillosa, sol y mar y flor de la gran poesía de Latinoamérica, el sentido y el destino mortal, la total congoja de la Humanidad irredenta: el sello del genio de Winnétt de Rokha, te persiguió, como una gran águila de fuego, desde la cuna a la tumba, pero no te influyó, porque no te influyó nadie, encima del mundo.


Perdóname el haberte dado la vida.

Entre el rumor de panal de abejas del universo de la poesía iluminada y popular de tu madre, toda de oro, y el carro de fuego que arrastra entre las masas humanas, atropellándose, mi estilo, forjaste un lenguaje tuyo y puro, de metales grandes y delgados como cuchillos de sol, único en América, y para lograrlo enfrentaste y desafiaste, como un niño héroe, la locura y el infinito. Pero mi sombra rugiente te hacía daño, te hería, te envenenaba a ti, tan bueno y tan alto como eras, porque los poetas como tú y yo, no únicamente no deberíamos ser hijos de nadie, Carlos de Rokha, hijos de nadie, padres de nadie, abogados del género humano, engendrados por partenogénesis. Esta tan tremenda situación de interdependencia literaria, la comprendías tú, y yo comprendía que tú la comprendías: pero cuando uno de la tiniebla en la literatura, o el amigo desleal te lo planteó, queriendo echar espanto o ceniza de maldición, entre padre e hijo, padre e hijo los abofetearon en todo lo hondo del pantano personal; es que te corría sangre de mártires y héroes por las arterias y tu orgullo era tan grande como tu modestia y como tu grandeza.

Tu propio arte, como un mar furioso, te inundó el corazón, y si te admiré tanto como cuando hoy te admiro, fue porque enorme como tu heroísmo, fue tu sacrificio de toda y cualquiera forma de felicidad a los pies de aquel inmenso monstruo y mito social ardiendo, que es la Belleza, por la decisión irremediable de lanzarte al abismo del estilo en gestación, hasta ver ganada la batalla, por el sentido de llegar hasta el suicidio del destino y el bienestar de las comodidades literarias, para extraer del caos y el desorden de la naturaleza bestial, la vital euritmia de tus cantos de platino y de rubíes incendiados.

Como para todo gran poeta, lo bello fue rigor colosal y oscuro, en tus ocupaciones de artista, y fuiste artista en todos los hechos y los sueños, exactamente como tu madre, de quien trajiste la inmensa imagen grecolatina y el vikingo en los Anabalones y los Sánderson, y el español mundial, alucinado y quemante, con "Dios" adentro, en los Díaz y los Loyola, gentes de fuerte envergadura y místicos de la realidad dramática. Como el hijo mayor de un gran amor, nosotros nos volcamos convulsionados en ti, con todo el dolor, con todo el placer, con todo el horror del amor, del amor por encima de todas las palabras y las leyes humanas, y, con la tremenda problemática de la naturaleza adentro de la naturaleza, nos estrellábamos con la naturaleza y la vida mágica, contigo en los brazos entre peripecias y epopeyas, en condición de artistas pobres, que no quisieron ser pobres artistas, y de creadores de lenguajes, abominables para los abominables y las feroces y tercas bestias negras de las literaturas amarillas. Abriste, pues, entonces, los ojos a la realidad categórica con una inmensa carga de complejos y de sollozos y una gran paloma de humo en la imaginación ardida. Tu madre y yo nacimos con el hermoso y desventurado y grandioso y épico país de Chile bañado de sangre, ensangrentado y crucificado de horrores, por el asesinato de Balmaceda, que aún bramaba en la República traicionada por la oligarquía nacional y el gran capital extranjero; tú, Carlos de Rokha, que te tomaste al abordaje la realidad del mundo a la orilla de "la gran Mar-Océano" de Valparaíso, naciste entre clarines medio a medio del "Año Veinte", pero como a aquellos toros de pellejos rojos que bramaban en el corazón del pueblo los degolló la traición ultramontana y reaccionaria, a tu infancia de creador chileno la presidió "un redoble de tambores enlutados", que, resonando con espanto, venía de las épocas remotísimas, y un sol enarbolado de coronas caídas: un enlutamiento general nos saludó en la cuna y nos va siguiendo, como un perro de hierro tremendo, que aúlla hacia la tumba.

Por eso, amigo del alma, la construcción metafórica de tu lírica tan enardecida era, que era popular en sus contradicciones victoriosas, y es hecha de tierra, con gallos, con pájaros y sepulturas, con trigales y chacarerías en sus vocabularios de finura de florete o de filo de espada de batalla. Y existe aquella fuerza soberbia del átomo en desintegración en tu estilo de selección caballeresca, de caballería popular y escudo de armas de pueblo-pueblo-pueblo, porque, como pueblo, es del pueblo, de donde emergen todas las formas de la energía de la golondrina y del águila, que son equivalentes cruzando los océanos de Continente a Continente, o las altas montañas del mundo, abalanzándose con vuelo épico.

Te quemaste el corazón de gozador goloso de la vida en el oficio irreparable, del poema irreparable, de catástrofe en catástrofe. Ni Mallarmé, ni Rimbaud, ni Baudelaire ni el terrible y genial Isidoro Ducasse, mal nombrado Conde de Lautréamont, te influyen. Son tus predecesores y tus compañeros de jornada, es decir, estás en la línea de ellos y de todos los otros demonios-dioses de lo arcangélico-demoniaco-heroico, en la creación estética, pero tú eras tú, y tu poema es tuyo. Y así vivías y así creabas. Gozaste de mujeres y vinos y saboreaste las comidas y las bebidas de Chile, como yo mismo y tus antepasados, desbordándote de abundancia y elocuencia pasional, derramándote y suicidándote en cualquier instante, para reconstruirte en la contradicción dialéctica. Por eso aquellos que atribuyeron tu gran bondad natural y el sentido de la hospitalidad chilena a ingenuidades engendradas en lo poético, se engañaban ruidosamente, porque el complejo del resentimiento los fue matando. Había una gran fuerza en tu carácter, ella surgía y rugía de tu vocación irreductible de artista que se realizaba victoriosamente, solo, y saliendo de adentro del pueblo, padre del hombre, de adentro del pueblo para quien escribe, quien escribe responsablemente. Eras y eres una lección de honor y de pasión heroica por lo bello logrado y lo sublime, y tu carácter consistía precisamente en carecer del carácter por el carácter, que es el amparo de los desamparados de su espíritu.

Ahora, e indiscutiblemente, como la sociedad da el contenido y el artista da la forma, y contenido y forma dan la unidad del arte, los grandes artistas son los héroes y son los líderes de la expresión, creadores de lenguaje, expresadores del idioma social de todos los pueblos, del idioma vital de la humanidad, revolucionarios, insurgentes y combatientes, todas las formas del arte expresan la misma materia, -la literatura, la escultura, la arquitectura, la música, la pintura y las artesanías populares- y el pueblo entrega a los héroes y a los líderes artísticos la tarea descomunal de dar idioma y estilo, estilo e idioma, "voz de Dios", a la batalla y a la victoria, a la cual lo conducen los héroes y los líderes políticos. Por todo aquello la gran faena política del creador estético es la gran faena artística. Son inmensamente complejos los pueblos, no sencillos, el hambre que recorre el mundo desde la Biblia, la Grecia antigua y la Mesopotamia, el hambre y la lucha de clases los encadenaron a una técnica estratégica de la personalidad popular épica, que implica todos los modos de la astucia para la guerra social, y la guerra social por la felicidad humana, les engendró su problemática rugiente; andan las masas echando llamas y son muchas las maneras de cantar que poseen, y que unifica la belleza sublimándolas. Lenguaje de imágenes, sí, lenguaje de imágenes en la montaña de las metáforas, que son la realidad estética. Tú sabías esto tan serio y universal, y lo sabías desde que naciste por la intuición poética, que es la sabiduría colosal y subterránea de los hacedores de imágenes, lo sabías porque lo sentías y lo hacías dirigiéndote furiosamente, dirigiéndote con ímpetu de huracán hacia tu destino: dar idioma a tu interpretación dialéctica de la naturaleza; y como te jugabas todo en la empresa maravillosa, te creían desordenado y sin método; por eso, Carlos de Rokha, por eso te estalló el corazón, como me va a estallar a mí, o como debió estallarme, debió estallarme y ser yo el muerto en este instante, y como le estalló a la estupenda y popular-poetisa americana de todos los tiempos y los pueblos que fue tu madre a través de otros modos hondos de la misma tragedia.

Tus crisis épicas hallaron, desde los tiempos heroicos de Winnétt, la idolatrada, a toda la familia rodeándote de cariño y de estupor emocionado, y fuiste el eje familiar y el "centro de tormenta" de un núcleo de creadores de lenguaje estético, creadores de lenguaje artístico, por modos diversos, a cuya cabeza patriarcal tu madre y tu padre, yo, padecíamos, arrastrando peñascos desolados, o mordidos de rufianes y de ladrones de la literatura.

Ahora se azota tu memoria contra el resplandor de aurora de oro de la era cósmica que la gran U.R.S.S. y la gran China Popular capitanean, y seguramente se remece tu ataúd, aclamando con espanto a Cuba heroica y líder de líderes, cuya gran victoria definitiva no viviste, porque moriste a la ribera misma del levantamiento general de todos los pueblos, después de haber contribuido con himnos líricos fundamentales, al levantamiento general de todos los pueblos, desde el enorme pueblo de Chile; por lo tanto, tu canto de santo de la poesía es un peñasco en los cimientos reivindicatorios, sin proponértelo tú siquiera; toda tu obra te coloca en la insurgencia revolucionaria porque la retrata, desde tu ángulo, a la caída de una época para la venida de otra época, la época de la victoria de los explotados y los expoliados sociales.

La existencia la viviste como quisiste, la viviste con la glotonería superior de la imaginación de un Rabelais, y esto te compensa de "El Terror de Existir", que planteó tu madre y yo deploro en "Morfología del Espanto" o, viviste apasionadamente, o acaso, desaforadamente, desde el vértice del instante en que te filiaste revolucionario con el ejemplo "descomunal y soberbio", según las palabras de don "Alonso Quijano, el bueno", y adentro del cual huracanabas las vías públicas del Gran Santiago, con tus hermanos y hermanas, clamando "Bandera Roja" y "Multitud", o estabas encalabozado, recio como reo político, hasta la última vez que llegaste desde todo lo hondo de la noche tronada de aquel septiembre lluvioso y horrendo.

Rodeado de compañeros y amigas muy queridas, que seguramente te amaron admirándote y perdonándote, como es menester ser amado, y que te acompañaron con emoción estremecida hasta la caída en el gran sueño inmóvil de la nada, paladeaste esta contradicción negra y gozosa de ser, en la cual nos hundimos azotándonos: el amor humano, humanamente humano, fue tu ley "divina", y la amistad fue tu ley humana. Te mató, entonces, la superabundancia emocional, no apolínea, furiosamente dionisiaca, y el deslumbramiento inmortal del arte. Se escucha llorar en tu recuerdo un llanto herido de grandeza, esta familia nuestra de los De Rokha, recibió la conmoción, horrorizada, y pasarán largos y muchos años en que estés siempre presente entre nosotros, toda tu obra se va volviendo piedra, tu madre te recibe de muerto a muerto, eterna en la materia maravillosa y criminal, y yo abrazo tu sombra clamante.

Después de haber muerto tu madre épica, Winétt de Rokha, la heroína de las poetisas mundiales, y después de haber muerto tú, al cual llamaban "el Rimbaud chileno" viví en París, en Moscú, en Pekín, en toda la inmensa gran República Popular china, Carlos de Rokha, y me acordé de ustedes desde los atardeceres tremendos a los amaneceres tremendos y el día clásico.

Ahora, tú sabias que nosotros, los viejos andados, golpeados, licoreados por el destino social de los héroes, no nos arrepentimos de nuestros errores, nos arrepentimos de nuestras virtudes, no de lo que hicimos y pudimos hacer, sino de lo que no hicimos y pudimos hacer y debimos porque quisimos hacer, y como yo aludo a mujeres y vinos, que tu madre me perdone, grandiosa, el enorme y gran afán colosal de las capitanías en todas las formas de todas las cosas viriles; por eso escribo estos renglones póstumos, entre póstumos; escucha, en la tumba, entonces, no la emoción de París, la conmoción de París, la conmoción de Moscú, la conmoción de Pekín, que tu padre, tu anciano padre, enfurecido contra la vida caída, te transmite de las tres ciudades tentaculares, que tanto hubieras tú amado en el recuerdo inmortal de Winétt, la gran amiga mía.

Adiós, Carlos de Rokha, hasta la hora en que no nos volvamos a encontrar jamás, en todos los siglos de los siglos, aunque sean vecinos de vestigios, los átomos desesperados que nos hicieron hombres.

2 comentarios:

  1. Nené says

    gracias!


    Anónimo says

    digo lo mismo: gracias!